lunes, 19 de septiembre de 2016

Sorpresas negras


 (Rosa Mora

   Me gusta que las antologías me descubran una obra o un autor y Barcelona negra y Madrid negro, a cargo de Ernesto Mallo, cumplen con creces. Los 21 autores seleccionados han elegido con absoluta libertad barrios de sus respectivas ciudades.
  Algunos ejemplos. Sólo conocía a Vanessa Montfort como dramaturga y I don’t like Mondays es estupendo, un turbador retrato de una niña de seis años obligada a ser mala. De Lilian Neuman, corresponsable de este blog, sabía de sus reseñas literarias, y de Milo J. Krmpotic, de su trabajo periodístico, pero los desconocía como escritores. Ambos han escritos relatos sobresalientes.
  El Pequeño Saltamontes soñaba de pequeño con extender los brazos y tocar con la punta de los dedos las paredes amuralladas de una estrecha calle de La Ribera, en Barcelona. Es la primera imagen que me quedó grabada de El muerto de madrugada de Neuman, porque define ese barrio a la perfección. Percibes incluso el olor de esa zona. En torno a un bar de toda la vida pululan personajes de la noche que compiten por ver quién tiene más memoria de las décadas pasadas.

Barrio de La Ribera, Barcelona
  Krmpotic ha elegido el barrio de Gràcia como protagonista de Ruido blanco. Con un ritmo endiablado, con repeticiones de párrafos y situaciones in crescendo que alertan de que algo terrible va a suceder, narra una tarde noche madrugada en el que la juerga se mezcla con el vandalismo. Es lo mismo cada fin de semana, pero si te han destrozado la moto y vives una historia de amor desamor y soledad el estallido de violencia, irreparable, está asegurado.
  Sorprendente es también Versiones de Luisito, en el que Andrés Barba reconstruye de una manera muy original un crimen ocurrido hace años en la calle Topete (del madrileño barrio de Tetuán). Un guardia de seguridad en paro,  inmerso en alcohol y drogas, mató a un joven dominicano. Lo cuenta de una manera aparentemente aséptica a través de citas de los periódicos, declaraciones de los vecinos, de abogados, de Rajoy anunciando repetidamente que la crisis ya es historia. Ves la degradación de la zona. Es demoledor.
   Crímenes oscuros, de Juan Aparicio Belmonte, parte también de un hecho real. El Gobierno autonómico madrileño prometió  a los vecinos reconvertir un campo de golf privado en un parque público en Chamberí. Incumplió la promesa. La ficción, con mucha ironía y humor, narra la venganza de los reivindicativos vecinos. Pero quizá el relato que mayor sarcasmo, ironía y humor tiene es el de Marta Sanz (Jaboncillos Dos de Mayo), muy divertido, pese a la dureza de lo que cuenta: un proceso de gentrificación en el barrio de Malasaña, en el que los habitantes de siempre son desplazados y sustituidos por otros de mayor nivel económico. Es genial el retrato que hace de los hípsters y la historia de la ingenua e inútil venganza de algunos vecinos. 
Barrio de Malasaña, Madrid


Los barrios de Madrid y Barcelona que aparecen en estos relatos conforman un mosaico de dos ciudades en cambio y ruptura permanente.  La crisis económica, el paro, las bandas, la pequeña delincuencia frente a la gran corrupción, la degradación del barrio, su transformación, la inmigración, el racismo y la xenofobia, la codicia, la venganza o el amor son algunos de los temas abordados.
  El resultado es una visión poliédrica, con diversidad de voces y miradas. Desde el maestro Andreu Martín (El resto de mi vida), uno de los autores que mejor domina la violencia urbana, que traza un vigoroso retrato de pandillas, pasión y muerte en un barrio deprimido a Lorenzo Silva (Carabanchel blues), Rosa Ribas (Pablito) o Carles Quílez (La ley de la calle) que están en la misma línea aunque con historias muy diferentes. Alfonso Mateo-Sagasta opta por la delincuencia más sofisticada en No es fácil ser enano.
  Carlos Zanón (El día que mataron a Leo) y Toni Hill (Especies protegidas) coinciden en enlazar el presente con el pasado y en la sensación de fracaso que tienen sus protagonistas. Hill muestra una Barceloneta invadida por turistas y Zanón, su Guinardó, en un relato que tiene mucho de sus excelentes novelas.
  Si los escritores incluidos en estos libros se sienten libres en todos los aspectos, el relato de Ernesto Mallo, (El paraíso en invierno) es el que más: entre el sueño y la realidad, el amor y el desamor. También, el de Jesús Ferrero (Carlota), entre Argüelles y Berlín, con más sangre. La venganza terrible, que roza la locura, de una madre a quien mataron dos hijos es la protagonista de El Lobo, de Domingo Villar (¡añoramos tanto a Leo Caldas!). Algo hay de eso también en La carne callada, de Patricia Esteban Erlés y su inquietante forense enamorado. Fernando Marías describe en 55 minutos un Madrid apocalíptico y futurista en el que todo está controlado por una especie de gran hermano. 
  Las catalanas Teresa Solana (Tiempo muerto) y Empar Fernández (Rojo infierno) se inclinan por estructuras más clásicas. Solana narra el miedo y las sospechas de una mujer cuando son descubiertos los cadáveres de 12 prostitutas en el barcelonés mercado del Ninot. Fernández une paro, inmigración y desesperación en la estación de Sants y sus inmediaciones.
Mercado del Ninot


  Unos autores han erigido el barrio en protagonista y otros han optado por convertirlo en mero escenario de una acción. Confieso que me han gustado más los primeros sin demérito de los segundos. Berna González Harbour ha elegido una tercera vía: la línea 10 del Metro de Madrid. En Metro de Madrid, Línea 10, encontramos a una madre al borde del ataque de nervios corriendo, en pijama y sudadera, tras sus hijos adolescentes. Tragicómico.
  Ambos libros muestran la enorme variedad de registros del género y en conjunto tienen un excelente nivel literario. Vale la pena leerlos. Igual se llevan una sopresa.
Madrid negro
Ernesto Mallo (Ed)
VV AA
Siruela
196 páginas. 16 euros 
Barcelona negra
Ernesto Mallo (Ed)
VV AA
Siruela
160 páginas. 16 euros