miércoles, 18 de mayo de 2016

Larga es la noche


(Lilian Neuman)
  Entre el aluvión de publicaciones, es importante destacar esta historia; compleja, comprometida, férrea y de una pieza: a nada le teme, y así habla de religión y nacionalismo, y de identificaciones juveniles y alta política.

Adrian McKinty FOTO LEAH GARRET
   Irlanda del Norte, años setenta: un chaval de instituto le ruega al líder de su clase que lo admita en su organización, el IRA
   Más de diez años después, la escalada de violencia desde los sesenta no ha remitido. Con algunos altibajos, ser unionista o independentista, o ser católico o protestante sigue marcando destinos. Individuos y familias enteras definidas en lo irreconciliable.  De todo esto -y de un período en particular, cuando un grupo de presos (y un terrorista en particular) ha escapado y la señora Thatcher cobra singular protagonismo- habla esta vibrante narración. También del paisaje inclemente y hermoso que esconde lo que el autor llamaba hace poco, en una entrevista, “las reservas de odio” que han signado a su generación, y que siguen latentes en su país, aunque en 1998 formalizó su proceso de paz.
  Adrian McKinty nació en Irlanda del Norte (en Carrickfergus), en 1968, estudió en Oxford, vivió muchos años en Estados Unidos y actualmente vive con su esposa y sus hijos en Melbourne, Australia. En un momento de esta travesía comenzó a publicar sus novelas. Entre ellas, esta que forma parte de una serie iniciada con Cold cold ground y Oigo sirenas en la calle (Alianza). Las tres protagonizadas por el agente Sean Duffy. Es a través de él  (excesivo, impertinente y emocional) que McKinty observa el pasado. Sería difícil decidir qué es mejor, si el desarrollo de la investigación o el dibujo de los personajes.
   El denostado y readmitido policía Sean Duffy tiene que encontrar a un viejo y popular compañero de instituto -el líder carismático al que en su día rogó que le admitiese en su grupo- por orden de la inteligencia británica. Así, regresará a antiguos paisajes de su propia adolescencia, para verse reflejado en las miradas de aquella mujeres -una ex esposa, una ex suegra- de la Irlanda católica, que no le dirán una palabra, si es que conocen el paradero de este prófugo de la cárcel que desde alguna parte -Libia fue su aliada; una revancha de Gadafi- está organizando un enorme atentado. Habrá algo más, difícil para él, muy interesante para el lector: la búsqueda del terrorista le obligará a investigar un crimen a lo Gastón Leroux.
 El mundo al que Sean regresa lo desprecia por madero y aliado de los británicos. Pero allí también está el joven que fue Sean. El que soñaba con ser libre. 
   Sean Duffy, y su tensa investigación, su inevitable trato con la política y el espionaje,  con grandes momentos, es un excelente vehículo para encontrar cuánto de absurdo puede haber en ese cajón de sastre llamado identidad. 


Por la mañana me habré ido
Adrian McKinty
Alianza
Traducción de Eduardo Hojman
372 páginas
18,00 €
 

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