lunes, 28 de diciembre de 2015

La memoria de Andrea Camilleri

(Lilian Neuman)

    No hay libro de memorias de Andrea Camilleri. Pero su memoria reina poderosa en sus libros, incluso -hilando fino- en los más de treinta publicados de la serie del comisario Montalbano. Fuera de ésta, hay que sentarse y recorrer la historia guiado por su extensa obra. La del avance y consagración del fascismo, que irrumpe en la vida de un pueblo (y en la de un adolescente), la mirada oscura, tétrica y recriminatoria desde el confesionario, o la corrupción de los siglos XX y XXI. Y por supuesto los tentáculos de la mafia, que nunca retrata en primer plano (no quiere que el lector simpatice con asesinos, como ocurre en las películas de Coppola), pero de la que siempre describe sus oscuros efectos. O, directamente, analiza él mismo fuera de la ficción y en sus artículos de prensa.
   En la formidable producción de este siciliano nacido en 1925, de familia emparentada con la de Luigi Pirandello, ambas vecinas de la provincia de Agrigento, hay una zona que me gustaría llamar “Antiguo reino de Vigàta”. Para quien no lo sepa: Vigàta es el nombre de ficción que el autor le dio a su pueblo natal, Porto Empedocle, el lugar del que se enamora a primera vista un comisario recién destinado. Y en donde moran seres y espacios únicos : Catarella, Mimi Augello, Fazio, Ingrid, el dueño de la trattoria...
   Pero hay otra Vigàta, la que Salvo -por edad- no pudo conocer. En ese antiguo reino el amo y señor es un chico al que le llaman Nenè (el apodo de Camilleri para familiares y amigos íntimos) y que espía intrigado desde la puerta entreabierta de una casa de citas. En ese reino, el niño Nenè abre un hermoso volumen de una obra que desconoce -Orlando Furioso- y permanece horas hipnotizado ante la página de una ilustración -una mujer desnuda- de Gustavo Doré. “Las hojas del libro, gruesas y lisas, brillaban a la luz; por eso, cuando cerraba los ojos y con el dedo recorría el perfil del cuerpo desnudo de una mujer, a Nenèle parecía estar tocando carne viva”
   Esta cita pertenece a La pensión Eva (2006) libro capital para comprender el origen de este gran escritor, primero hombre de teatro, guionista de radio -oficio que, según él, le otorgó esa vivacidad para los diálogos- profesor, realizador y gran lector (y esto incluye sus adaptaciones de Simenon para televisión). Me refiero al chaval al que un día ya no le basta una ilustración de Doré y entonces llegan las mujeres de verdad. Pero también la tristeza y la miseria provincianas, el despertar, junto con el sexo, a los claroscuros de la represión, la prepotencia, la guerra.
   Privado de título (2005) será otro insigne habitante de ese antiguo reino
de Vigàta, y también esta colección de retratos femeninos, puesto que todos están escritos por la memoria de un tipo culto, curioso e incisivo. De aquel chaval que vio mucho de repente queda este señor que se refiere a mujeres singulares que conoció en viajes, en aviones o en otras ciudades. Mujeres que leyó o de las que le hablaron. Las hay -las hubo- exquisitas, millonarias, libertinas y tremendas. Chicas que encarnan la frescura de aquella juventud, o el primer amor cuando los fines de semana las juventudes tenían que jugar campeonatos fascistas, o la estudiante danesa que, por su rotundidad y su natural osadía inspiró el personaje de la escultural Ingrid, amiga de Salvo Montalbano (y que tan frecuentemente hace cimbrar los principios de un siciliano que ha tenido que protagonizar numerosas entregas antes de atreverse por fin a serle infiel a su novia Livia).

 "La perfidia y la amoralidad conviven con la inocencia y el candor" (sobre la actriz Louise Brooks)
Louise Brooks

   Mujeres reales y legendarias. En estos retratos se refleja la mirada de un agudo lector (y director de teatro) que busca los verdaderos motivos de Desdémona para aceptar un castigo inmerecido, o los sentimientos de Winnie, la esposa cautiva de Samuel Beckett en Los días felices. Y que tiene muy claro que Marlene Dietrich no era más que la pálida sombra de la magnifica actriz Louise Brooks, de la que escribe un espléndido retrato.
   Maravillosas son estas mujeres reales: la valiente Oriana -que trabajaba en aquel burdel, la pensión Eva, en tiempos de guerra, y que era una militante clandestina. La increíble aristócrata Pucci, la desconcertante Desideria, la cronometrada Helga (una suiza que protagoniza un encuentro sexual tronchante).   
  Y hay dos mujeres del mismo nombre que no pueden soslayarse: Elvira, su abuela, y Elvira Sellerio, su editora. El estilo de Camilleri es limpio, sintético, y de todas formas conmueve. Su abuela era imaginativa, audaz, un tremebundo carácter que le inició en los libros y en ese misterio raro que es la creación. De Elvira Sellerio, editora desde sus inicios, cito estas palabras: “Siempre la he considerado el ejemplo supremo de las virtudes de la mujer siciliana. Reservada, tenaz, determinada, firme en sus convicciones y dispuesta a luchar por ellas, y al mismo tiempo dulcísima, generosa, comprensiva y de una gran sensibilidad”.

Mujeres/Dones
Andrea Camilleri
Salamandra/Bromera
Traducción de David Paradela López/Enric Salom
201 páginas/184 páginas
16€/18,95€

martes, 1 de diciembre de 2015

Los retos de John Verdon

(Rosa Mora)
   El escritor estadounidense John Verdon (Nueva York, 1942) plantea en cada una de sus novelas un reto a su detective, David Dave Gurney, y lo plantea también a los lectores. Un reto aparentemente imposible de cumplir. Si en la primera e impactante Sélo que estás pensando (2010), el asesino de los números anticipaba el dígito que un tipo tenía en la cabeza, ahora, en la quinta de la serie, Controlaré tus sueños, el enigma es aún mayor: cuatro hombres jóvenes se suicidan tras haber seguido un tratamiento por hipnosis para dejar de fumar. Los cuatro tuvieron la misma pesadilla horrorosa antes de morir. ¿Fue un suicidio inducido por el psicólogo hipnoterapeuta? Eso es lo que cree el superpoli asignado especialmente al caso.
John Verdon
  Verdon es un buen creador de atmosferas obsesivas y paisajes de angustia y terror. En Controlaré tus sueños, ha elegido un lujoso complejo hotelero vacío en las montañas Adirondack, en el noroeste del Estado de Nueva York. Allí, van a parar Gurney y su esposa, Madeleine. Él, para entrevistarse con el psicoterapeuta y ella, con la esperanza de proseguir hacia unas vacaciones de nieve.
   El escritor reúne todos los ingredientes de lo que podría ser una película de serie B o una superpropducción (según el presupuesto): 22 grados bajo cero, una tormenta de nieve que los deja incomunicados, sin luz, sin calefacción, frío permanente, vehículos saboteados, ruidos misteriosos, teléfonos pinchados, micrófonos y cámaras ocultas, espeluznantes lobos disecados que parecen reales, visiones fantasmagóricas, miedo y, por si fuera poco, el desmoronamiento de la siempre sensata Madeleine.
   Los personajes que pululan por este siniestro lugar no tienen desperdicio: el manitas que se pasea con un hacha y que les advierte del Mal; un gerente estafador rehabilitado y convertido en consejero financiero; un rico heredero sumergido en alcohol y drogas que cree que las normas son sólo para los otros; un caballero de campo, de elegancia británica, que siempre está a punto de echar una mano; el psicoterapeuta que tiene temores paranoides; su protectora hermana…
   En este panorama, destaca Jack Hardwick, ya conocido de otras novelas, excompañero de Gurney de cuando estaba en la policía de Nueva York, de la que Dave se jubiló hace cuatro años tras 25 de servicio. Inteligente y perspicaz, es él quien le arrastra a esta nebulosa aventura y, en cierta manera, es él quien le saca del atolladero. Es un buen contraste entre la oscuridad de la noche y la luz del día.
   Verdon, que antes que escritor fue publicista, exhibe un enorme conocimiento de lo más avanzado de las tecnologías de la información y la comunicación. Abundan en esta historia sofisticados artilugios de acceso restringido. Ahí es donde la novela aborda el debate iniciado tras los ataques terroristas a las Torres Gemelas y el Pentágono (11 de septiembre de 2001) y hoy lamentablemente más vivo que nunca: seguridad o libertad. Según avanza  la historia se percibe  que un gran hermano muy poderoso lo controla todo.
  “Proteger a la patria se ha convertido en un cheque en blanco en manos de alguna gente muy despiadada” (página 252), dice uno de los personajes. “Que Dios no salve de los salvadores” (página 415), reflexiona Gurney. Inquietante. Da miedo. Lo explica bien.



 
¿Por qué gusta tanto?

  Es un misterio casi tan irresoluble como los que propone en sus novelas. John Verdon no destaca literariamente, a menudo es repetitivo y a sus libros les sobran páginas, pero engancha.
 Es un escritor tardío. Empezó a escribir pasados los 60 tras una intensa carrera de publicista, por consejo de su esposa, y con el deseo de que sus historias le gustaran a ella.
 Uno de sus autores preferidos es Arthur Conan Doyle (El sabueso de Baskerville). Es un lector voraz de novela policiaca, prácticamente su única lectura, afirma, y conoce al dedillo todos sus resortes.

¿Las claves de su éxito?
  • Tiene ideas brillantes: una novia es asesinada ante los invitados en el  banquete de bodas (No abras los ojos), un asesino en serie al que nunca lograron atrapar (Deja en paz al diablo) o un rico empresario asesinado durante el funeral de su madre (No confies en Peter Pan). En sus novelas, nada es lo que parece. 
  •  Implica directamente al lector usando siempre en sus títulos la segunda persona del verbo: Sé lo que estás pensando, No abras los ojos, Deja en paz al diablo, No confíes en Peter Pan y Controlaré tus sueños.
  • Mezcla con acierto lo profesional y lo personal. Su detective, Dave Gurney,  se guía por la lógica y no cree nunca en la primera solución. Su inteligente esposa colabora con él y ambos corren toda suerte de peligros.
  • Sorprende con golpes de efecto, a menudo los finales de sus capítulos son de infarto y sus desenlaces suelen ser de alta pirotecnia.
  • En todas sus novelas aparece una crítica más explícita o más velada a la corrupción de policías y fiscales.
  • Si como publicista su objetivo era conseguir que la gente desease cosas, en sus novelas es mantener en vilo al lector.
Lo consigue.

Controlaré tus sueños / Controlaré els teus somnis
Traducción al castellano de Javier Guerrero y al catalán, de Pau Bombardó
Roca Editorial
429/428 páginas. 19,90 euros