miércoles, 22 de abril de 2015

Lo que quiero es que me estrangules

(Rosa Mora)
Lo peor de este libro es el título, Bienes y codicia. Todo lo demás es bueno. La traducción no traiciona al original en alemán, pero no incita a la lectura. Se trata de una de esas placenteras historias de la escritora alemana Ingrid Noll, que cumplirá 80 años a finales de este verano.
La escritora tiene una habilidad especial para conjugar una serie de elementos que hacen sus novelas irresistibles: es capaz de convertir un hecho cotidiano en algo criminal; no hay buenos ni malos y por lo general tampoco policías; prima siempre el análisis psicológico de los personajes; humor negro e ironía. Y, además, aborda temas importantes que no lo parecen pero que dejan poso. La invisibilidad de las mujeres mayores, la vejez, la soledad, las relaciones humanas (el lado más oscuro), la familia… son algunos de ellos. 
Bienes y codicia, de reciente publicación,  gira en torno a la eutanasia y la codicia. Carla, de 63 años, bibliotecaria prejubilada, recibe una insólita oferta de un ex compañero de trabajo enfermo en fase terminal. Recibirá una parte de su dinero si le hace un pequeño favor, cuidar de su tumba y de su lápida.
El pequeño favor va creciendo. “Lo que yo quiero es que me estrangules”.  Su difunta mujer solía echarle las manos al cuello y a él le gustaba. Qué mejor que morir disfrutando cuando el cuerpo ya no aguanta más. Sí lo hace heredará todo (magnífica casa incluida). La mansión bien vale unos cuantos muertos, ¿o no?
La desconfianza, los celos (Carla recluta a una amiga y ésta a su novio y éste a….), la inseguridad y la duda. “Casi me avergonzaba de mis constantes escrúpulos y de tener una visión tan carca acerca del bien y del mal”, dice la ex bibliotecaria. La escritora muestra su talento y sabiduría.
Hija de padres alemanes (él era médico), Ingrid Noll nació en Shanghai y vivió también en Nankín. La familia dejó China para instalarse en Alemania en 1949. Estudió (y no acabó) Filología Germánica e Historia del Arte. Se casó en 1959 y, tras criar a sus tres hijos, se dedicó a la escritura.  Desde entonces no ha parado.


Ingrid Noll
Bienes y codicia
Traducción de Marina Widmer
Circe

280 páginas. 17 euros



lunes, 13 de abril de 2015

Biografía de un perro


(Lilian Neuman)
El perro puede ser fiel, valiente y constante. Pero también un animal fiero. Así puede describirse a este tipo apodado “el perro”, un comisario de la Policía Federal de Argentina testigo de los años de plomo, del final de la dictadura y la entrada en un nuevo (y desconcertante) orden. 
Ernesto Mallo FOTO: ANA PORTNOY

  Que se publiquen las tres novelas protagonizadas por el comisario Lascano en un solo volumen no es arbitrario. Cada novela es un caso distinto, pero en total componen una sola historia: la vida de un tipo con tendencia a la calvicie, sin  aires de galán (y sin embargo destinado a los grandes amores), arrasado por la pérdida, rescatado por su amigo forense y lanzado a la locura moral y sentimental con las que cabalga por años de historia. La de un país al que este autor le sabe captar los cambios de colores: desde la criminal dictadura a corruptos y ratas que se aferran al barco de la nueva democracia. 
  La primera -Crimen en el barrio del Once, quizás uno de los mejores relatos ambientados en la dictadura que pueden leerse hoy-, presenta a este gran sabueso. Lascano es indivisible de ese paisaje del miedo. Y con su lenguaje propio; Mallo tiene un lenguaje cortante con ráfagas de enorme verdad: esos coches Falcon detenidos en una calle, de noche, esa joven pareja que es arrastrada de su casa y metida en uno de esos transportes a las tinieblas para ser “chupada”. Se pregunta Lascano –ajeno al aparato criminal a costa de su propia seguridad  mientras el estado criminal es, en aquel 1979, cien por cien policial-, cómo un hombre ciego sacado a rastras de su domicilio puede ser considerado un peligroso subversivo. O esa chica asustada que descubre escondida bajo la mesa de un burdel.
  El gran acierto de Ernesto Mallo (La Plata, 1948) es ir desde lo particular a lo general. Que Lascano pueda “desglosar” un triple crimen, y es mejor no contar más; sólo decir que hace muchos años el escritor Guillermo Martínez publicó su cuento “Infierno grande”, en donde llevaba a cabo una operación de gran inteligencia, a través de la resolución de un aparente crimen pasional.  Los grandes narradores saben dónde levantar y mover entre los escombros.
   Las dos novelas que siguen a esta se apoyan en aciertos de otra clase. La segunda, El policía descalzo de la plaza San Martín, es sobre todo de una pasmosa fluidez argumental. Una vez dado a luz este perro y sus criaturas, parecen moverse solos, tristes  y sin esfuerzo. Osvaldo Soriano regalaba esta ilusión con sus personajes en una Argentina tierra de nadie. La amistad es un gran tema, y el personaje del Topo Miranda, delincuente que esta vez intentará rehabilitarse, un asunto de gran fuerza y sensibilidad.  
 Incómodo testigo y mucho más –aquí hay niños robados por militares, delatores, negocios más que sucios entre militares, policías y otros- Lascano llega a la jubilación, pero aún le aguarda el relato más bestia de esta trilogía; Los hombres te han hecho mal. El tráfico de personas es el tema, la desaparición de una chica, un encargo que lo lleva a Mar del Plata que, con el pertinente sarcasmo, siempre se llamó “la ciudad feliz”. Es un final con remate, tremendo. Quizás esta última novela es más aventurera (no por ello deja de ser crónica de amargas verdades), pero a mi entender la gran aventura de este tipo está en esos bares de Buenos Aires en donde ya no espera nada (y algo llega), en la caballeresca aceptación de la derrota, en el grito que él siente encerrado dentro del pecho. En la amargura y la rabia que se traga ante esos funcionarios que se rasgan las vestiduras, y de esa mayoría “que dice que nunca se enteró de las atrocidades cometidas por los militares”.
  Hay un fiscal en estas novelas que aguarda pacientemente (pese a esa novia psicoanalizada que lo atormenta). Lascano le ha entregado un informe tan incómodo como veraz, y él lo tiene en un estante de su biblioteca entre dos volúmenes: uno de ellos es Qué es la justicia y el otro Historia universal de la infamia. Esta es toda la protección para el héroe. Y para los héroes y víctimas del aparato criminal. Y para los sobrevivientes que ensayan una nueva historia. Todo lo demás es desprotección. O como dice Mallo: “todo lo que no es útero es intemperie”.
    
El comisario Lascano
Ernesto Mallo
Siruela
458 páginas
22,95 €

viernes, 3 de abril de 2015

Toni Hill no decepciona


(Rosa Mora)

Toni Hill se supera en cada nueva novela. Con Los amantes de Hiroshima cierra con acierto la trilogía protagonizada por el inspector de los Mossos d’Esquadra  de origen argentino Héctor Salgado, que se inició con El verano de juguetes muertos (2011) y siguió con Los buenos suicidas (2012).
Toni Hill/ FOTO ANA PORTNOY
Una de las características de este escritor, que tiene vocación de best seller -del buen best seller, se entiende- es la inmensa capacidad de mezclar historias y mantener el interés en todas ellas. Al final siempre deja al lector con la boca abierta.

En El verano de los juguetes muertos ya nos plantea una triple trama: la prostitución de chicas nigerianas; las desgraciada peripecia de tres familias bien de la zona alta de Barcelona y la enigmática desaparición de Ruth, la ex esposa de Salgado. En Los buenos suicidas, los empleados de una empresa que participaron en un encuentro para aumentar el rendimiento personal empiezan a actuar de manera muy extraña: un buen padre mata a su esposa e hija y se suicida, otra compañera se tira o la tiran al metro... También plantea el tema de los bebés robados y ahonda en el misterio de Ruth.

Toni Hill (Barcelona, 1966) dota a todos sus personajes, hasta el último secundario, de sólidas biografías; los hace vivos. Es aún más evidente en Los amantes de Hiroshima. Estamos en 2011, los cadáveres abrazados  de Dani y Cris, desparecidos hace siete años, son encontrados en una casa abandonada. ¿Quién los asesinó? A partir de ahí se inicia un juego entre el pasado y el presente. Sus amigos de entonces, de los tiempos de la música y la droga, están bajo sospecha. Empezando por Ferran, con quien Cris y Dani formaron un trío amoroso. Ferran intentó suicidarse y está recluido en una clínica psiquiátrica por voluntad propia.

Hay más. La historia del propio Salgado y de su compañera policía Leire; la del comisario Savall, el jefe, la de un profesor de escritura del Ateneo barcelonés, la del hijo desparecido de la vecina de Salgado. Los estragos provocados por la Brigada Político Social (la policía franquista). De nuevo, los bebés robados. El desenlace de lo sucedido a Ruth.

Hill tiene, además, voluntad de ser testigo de su tiempo. Ahí está el movimiento de los indignados, el 15-M, los desahucios, la crisis e incluso aquel remoto e incomprensible Fórum de las Culturas de 2004 y, como en las otras novelas, Barcelona de punta a punta.

Cuenta este escritor tantas cosas, da tanta información, que la novela resultaría abrumadora si no fuera porque entrelaza todas las historias con precisión y habilidad. Los amantes de Hiroshima tiene una guinda escondida pero clave: Otra vuelta de tuerca, de Henry James. Seguro que cuando acaben de leer el libro de Hill sentirán un irreprimible deseo de volver a Henry James.

Sabemos que Héctor Salgado regresa a Argentina, esperemos que no sea para siempre, que vuelva algún día a los Mossos. Imperfecto, violento, tristón, buena persona y muy humano, sus lectores le hemos tomado cariño.



Los amantes de Hiroshima

Toni Hill

DeBolsillo

432 páginas. 12.95 euros