viernes, 13 de marzo de 2015

Bienvenido, Rocco Schiavone

(Rosa Mora)

Era casi obligatorio pensarlo: ya está, otro policía torturado y con un pasado oscuro. ¡Qué pereza! Y es cierto que Rocco Schiavone reúne todos los tópicos del género negro, pero los supera limpiamente, con sobresaliente.  Este policía creado por Antonio Manzini en Pista negra es malcarado, arrogante, cínico, trata mal a las mujeres, es grosero, gorronea cigarrillos todo el día, desprecia a casi todos sus compañeros, odia las reuniones, odia a los fiscales, odia el trabajo; reparte tortazos a destajo, se salta ley  sin el menor escrúpulo y es de temer cuando se le cruzan los cables.  Tiene su especial escala de valores que mide en tocadas de cojones y la peor tocada de cojones es que le llamen bien entrada la noche para decirle que han encontrado un cadáver hecho papilla.

Es lo que le pasa en esta novela. De la quinta del 66, nacido en el Trastevere, el subjefe de policía Schiavone lleva cuatro meses en el Valle de Aosta, en los Alpes italianos, lleno de rabia y frustración, tras haber sido castigado y expulsado de su añorada Roma. Había molestado mucho a un tipo muy poderoso.

Lo bueno de Pista negra es cuando el lector, pronto, se da cuenta de que Rocco Schiavone no es un sabueso más que investiga un crimen. Él en sí mismo es un misterio que habrá que descubrir paralelamente al desarrollo de la trama, ágil y con algunos efectos especiales.
Antonio Manzini FOTO ANA PORTNOY

Otro hallazgo es el paisaje. El Valle de Aosta, el que tanto disgusta a Schiavone. Manzini nos descubre a través de los ojos de su policía la cultura, las costumbres, el dialecto… de esta tierra, una de las zonas más ricas de Italia, con una renta per cápita similar a la de Luxemburgo. Las pistas y estaciones de esquí, los teleféricos, los refugios, las tremendas máquinas pisa nieve,  el hielo y el frío intenso. Por ahí se mueve Rocco, con unos Clarks que se le inundan a cada paso. En algún momento, uno puede despistarse y pensar que está en una novela nórdica, pero para nada. Pista negra es absolutamente mediterránea, de la escuela de Manuel Vázquez Montalbán, Andrea Camilleri, Petros Márkaris o Jean-Claude-Izzo.

Es inevitable comparar a Rocco Schiavone  con su colega Salvo Montalbano. El propio Manzini lo explica muy bien, en una entrevista, a José Oliva, de la agencia Efe. “Montalbano es correcto, buena gente, fiel, fiable, mientras que Schiavone no es políticamente correcto, es misterioso, sucio, más bandido que policía y tiene un sentido de la ética muy peculiar”. “Montalbano es como tendría que ser un italiano y Schiavone es como es un italiano de hoy”.  El comisario de Camilleri se salta muchas normas y anda todo el día a la greña con sus jefes pero no tiene ese punto de delincuente que de vez en cuando muestra Rocco. Nos gustan los dos.
Atención a otros personajes de la novela: el juez Baldi, que se altera aún más que Schiavone y al que le gusta teorizar sobre Italia (algunos de sus remedios son sensacionales); o el agente Italo Pierron, de 27 años, que sigue viviendo con sus padres porque no puede pagarse un alquiler, víctima y amigo del subjefe; o el forense Fumagalli, que cala a la primera a Schiavone. Valen la pena.

En Pista negra lo más negro se funde con la ironía y el humor. Hay páginas que destacan, esos efectos especiales antes mencionados, como las de la detención del enorme camión que llevaba armas, drogas e inmigrantes. Pueden parecer un delirio o una comedia, pero reflejan un problema tan terrible como el de los sin papeles que quieren llegar a Europa como sea. Manzini sabe bien de lo que habla y de la tristeza de tantos y tantos italianos al ver como tantos inmigrantes mueren en el intento. Otro pasaje que no tiene desperdicio es el funeral de la víctima que más bien parece un partido de tenis.

Antonio Manzini (Roma, 1964) es actor de cine, teatro y televisión, guionista y escritor. Antes de Pista negra, había publicado dos novelas (Sangue marcio y La giostra dei criceti) y algunos relatos breves, dos de ellos a cuatro manos con Nicolò Ammaniti. En Italia ha publicado ya otras dos historias del subjefe de policía Rocco Schiavone, que esperamos leer pronto en España.

La pista negra
Antonio Manzini
Traducción de Teresa Clavel Lledó
Black Salamandra
251 páginas. 256 páginas. 17 euros. Ebook, 9,99 euros