martes, 4 de noviembre de 2014

Deporte narrativo



  Este guionista alemán de curioso nombre -gracias a su padre, colombiano- posee una importante trayectoria. Sorprende que dijera en una entrevista que ya estaba trabajando en la continuación de esta comedia negra y enredada. No parecieran, estos personajes funcionales, dar más de sí.

   Sin embargo, esta primera novela ha sido saludada como un acontecimiento -o casi- y, entre los innumerables elogios recibidos, se concluye que en este relato convergen (y no exagero): Alfred Hitchcock, Patricia Higsmith, Tom Sharpe y John Kennedy Toole.
  Hace muchos años, antes de que el cerebro de Patricia Highsmith comenzara a funcionar como aquella maquinaria aterradora que llegó a ser, un prolífico señor llamado Chase inventó un personaje -el narrador de Eva, supuesto guionista- que vivía atrapado en esa clase de gran mentira que en él se tradujo en crimen y posterior (auto)castigo. En Highsmith, en cambio, la apropiación de identidad se resuelve en la amoral y encantadora soltura  -y cintura imaginativa- de Tom Ripley.
 Pero es muy difícil encontrarle una personalidad expresiva a este gran farsante llamado Henry Hayden, y al mundo que le rodea y baila al compás de sus jugarretas. Como sus predecesores, todos creen que Henry es un prolífico escritor. Pero jamás ha escrito una sola línea de la extensa producción de éxito internacional que, noche tras noche, escribe con parsimoniosa grafomanía su esposa Martha (personaje, por ejemplo, a quien le falta ese rasgo de verdad, ausente también en la amante de Henry y en el amigo carnicero).
 Hay un hermoso libro de Antonio Muñoz Molina -Pura alegría- en donde reflexiona sobre lo importante de conocer el pasado, la tradición, puesto que de otro modo el escritor novato podría creerse descubridor de algo que, en los hechos, se abrió camino, por ejemplo, cien años atrás.
 Creo que lo mismo vale para el lector, y en eso el mundo editorial puede hacer mucho, en contra o a favor. Se inventan precedentes y referencias, se señalan magisterios y modelos y mezclas ("mezcla de...y de..."), y eso no hace más que confundir.
   La verdad y otras mentiras es un sagaz ejercicio deportivo para lucimiento de un impostor que puede matar sin pestañear y embaucar una y otra vez con asombrosa rapidez. Le falta, a todo este engranaje, la abominable humanidad que tienen, por ejemplo, algunos de los personajes de Ingrid Noll. O la naturalidad para moverse entre la mugre de Joe Orton. Y falta, posiblemente, un idioma propio y un sentido y un lugar para estas criaturas que bailan a la perfección en la broma negra. Y poco más queda por decir.   

La verdad y otras mentiras
Sascha Arango
Seix Barral/Edicions 62
Traducción de Carles Andreu/Núria Parés Sellarés | Carlota Gurt
309/304 páginas
18,50 €