martes, 20 de mayo de 2014

CONVERSACIÓN: INGRID NOLL


Rosa Mora y Lilian Neuman

(L.N.) -¿Qué te atrae de las novelas de Ingrid Noll?

-(R.M.) -Lo que más me atrae es el contraste. Me gusta la novela negra dura y Noll, como dices en tu reseña, es un genial divertimento, que me hace reír sola.

-(L.N,) -¿Crees que es, como se ha dicho, Patricia Highsmith en forma de comedia?

-(R.M.) - Patricia Highsmith es más dura (y mejor). Sus personajes son maravillosamente amorales y te crea angustia porque te obliga a ponerte siempre de parte del malo. Ingrid Noll, con un humor negro pero amable, es una maestra en convertir seres teóricamente honrados en perfectos asesinos. Sabe retratar muy bien, en clave negra, el universo femenino.

-(L.N.) -¿Qué otro ejemplo se te ocurre de comedia negra?

-(R.M) -Solo se me ocurre un ejemplo de ese humor negro:  Higiene del asesino, una de las primeras novelas de Amélie Nothomb, curiosamente también publicada por Circe, antes de que la encumbrara Anagrama con novelas más intimistas. La historia va de un anciano, Prétextat Tach, premio Nobel de Literatura y acérrimo enemigo de las entrevistas, al que solo le quedan dos meses de vida. Concede, por fin, cinco entrevistas y los periodistas las pasan canutas. Humor, crueldad, cinismo.

(L.N.) -¿Hay alguna novela de Ingrid Noll que recomiendes más que otras?

(R.M.) -Recomiendo especialmente una: Como una dama. Un análisis agudo de la invisibilidad de las mujeres mayores: Dos amigas de 70 años viven juntas. Son unas abuelas muy peculiares. Anneliese se ha cargado a su marido con unas hierbas venenosas que ha plantado en su jardín. La vida cotidiana, la diferencia de caracteres mina su relación y la cosa empeora cuando ambas ponen sus ojos en un antiguo novio de Anneliese de cuando eran adolescentes. Cuando todo está a punto de romperse, llega la solución: forman un trío y ambas saben que, si a la larga, Ewald se pone pesado siempre podrán recurrir a las plantistas del jardín de Anneliese. Estupendo ¿verdad?


lunes, 19 de mayo de 2014

Una dama letal

(Lilian Neuman)

Las novelas de Ingrid Noll llevan años publicándose en España. Sin embargo, sus libros -todos editados por Circe- siguen siendo un placer -o un vicio- minoritario. La reseña de su última novela traducida es la excusa para que el lector caiga en la (corrosiva) trampa.

 La señora Ingrid Noll no parece que quiera hacer reír, sólo que con la quebradiza moralidad de sus personajes y la hilacha que le encanta señalar en casi todos ellos, con Noll la única salida es reír un poco, así a lo frívolo (y medio estúpido) en una tarde de sofá, como para hacer ver que se está disfrutado de una comedia que nada tiene que ver con nosotros. Hacer ver que esas miserias al desnudo no tienen que ver con uno, sino con una lejana y remota naturaleza humana de la que no se forma parte.
 Asumiendo, entonces, por unos instantes, que quien escribe esta reseña es replicante o descendiente directo del más grande dinosaurio, que acaba de hallarse en Argentina, diré que Noll escribe fluidamente sobre gente hastiada, voraz y muchas veces corta, por no decir cortísima. Y que esa fauna que se observa de lejos mueve a la risa.
  Pero esto, por incompleto y escaso, es falso.

  Crímenes habituales
  La alemana Ingrid Noll, nacida en Shangai en 1935, habla de crímenes cotidianos y a menudo imperceptibles. Por momentos, como con muchos personajes de Patricia Highsmith, sus personajes desagradan. El que mejor caía en Palabra de honor era precisamente el chaval más caso perdido y maleducado de esa familia que readmite a un abuelo delirante. Todo un revulsivo, aquel viejo,
 En Por la borda, la divorciada y corta de dinero Ellen podría ser usted o yo o la dama de la esquina.  No más que nos vaya un poquito mal en la vida. Ellen sufrió un gran revés sentimental y familiar, y esto parece algo destinado a repetirse. Pero la familia se amplía, para alegría de su poco suspicaz hermano, y para fastidio y desconfianza de la mezquina Ellen, a quien no se le ocurre que alguien pueda obrar de forma desinteresada.
 No se le ocurre, por ejemplo, que ese repentino hermano o hermanastro que ha aparecido de golpe en su casa, ese hijo bastardo de su padre, sólo esté allí para entender mejor quién es y de dónde viene.
 Sin embargo -y aquí se va cocinado, admito que un poco a fuego lento, la comedia negra-, tendrán oportunidad de conocerse mejor: él, un elegante arquitecto, ella, su esposa, una estirada depresiva y atormentada. La reunión del pleno familiar depara mordaces observaciones por lo bajo, las formas alegres y cutres de una clase media temblorosa, otra parte acomodada  y otra de gente que, como Ellen, se ve cada vez más incómoda.
 Sin embargo, Ellen acaba en un crucero de lujo, codeándose con personas que creen que esos caros vestidos que lleva son suyos. Como quien se mete canapés en los bolsillos durante la fiesta, también esta mujer endeudada está decidida a quedarse con algo.
  Como Highsmith con sus héroes, Noll posee gran sabiduría para colocar a personas tan usuales como nosotros mismos, sus lectores, en el camino a la perdición. Había otra opción, para esta tipeja que se pasea por la borda con la ropa que le dejó una pariente rica. Pero las circunstancias se conjuraron oportunas, exactas.
 Se le desea impunidad a esta protagonista, y muy buena suerte. Otra cosa muy distinta es perdonarla.

Por la borda
Ingrid Noll
Circe
Traducción de Marina Widmer
279 páginas,  18 €

miércoles, 7 de mayo de 2014

La otra Sue Grafton



Sue Grafton en la librería Negra y Criminal, de la Barceloneta.
(Rosa Mora)

Kinsey y yo, de la escritora norteamericana Sue Grafton, es una agradable sorpresa. No tanto por los relatos sobre su detective Kinsey Millhone, protagonista de la serie Alfabeto del crimen, que son excelentes, como por los 13 protagonizados por Kit Blue, una versión más joven de Millhone, que tienen un alto contenido autobiográfico.  El libro incluye reflexiones de la escritora sobre el género negrocriminal, feliz denominación que han inventado Montse Clavé y Paco Camarasa de la librería de la Barceloneta.

Sue Grafton (Louisville, Kentucky, 1940) se sirve de Kit Blue para explicar los problemas que sufrió durante su infancia, adolescencia y primera juventud, un periodo “confuso y caótico” de su vida, como cuenta en la introducción. Hija de padres alcohólicos, tuvo que aprender a valerse por sí misma a partir de los cinco años. Su padre, C. W. Grafton, escritor a tiempo parcial de novelas policiacas, se tomaba dos chupitos de whisky antes de ir a trabajar. Su madre,  Vivian Harnsberger, hacía lo mismo pero se tumbaba en el sofá del salón. Su padre compaginaba la bebida con el trabajo; su madre emprendió un camino de autodestrucción. Intentó suicidarse dos veces. Vivió una “angustia secreta y dolorosa", que Kit/Sue no acertó a comprender.

Son relatos muy breves, narrados en tercera persona, amargos y sin pizca del humor que caracteriza a Kinsey Millhone (no es casual, por cierto, que los padres de la detective murieran en accidente de coche cuando ella tenía cinco años). Grafton escribió los relatos de Kit Blue en la década posterior a la muerte de su madre. “Simbolizan mi forma de aceptar lo mucho que me duele su ausencia”, afirma. Se casó muy joven, para huir de la deprimente vida familiar y empezó pronto a escribir guiones de películas para televisión. Lo siguiente que aprendió es que podía utilizar sus recuerdos para adentrarse en lo más profundo de la relación que mantuvo con su madre. En estos 13 relatos, la escritora nos muestra la agonía de Vivian hasta su muerte, el nuevo matrimonio de su padre y la venta de la casa en que vivieron. Son conmovedores.

Kinsey Millhone nació también como una especie de exorcismo, tras la desastrosa experiencia familiar de Grafton, un matrimonio espantoso y un divorcio horrible. La primera idea sobre la detective se le ocurrió hacia 1977, explica en el libro. Trabajó en el personaje y en el original Alfabeto del crimen varios años: el primer título de la serie, A de adulterio, se publicó en inglés en 1982.

Millhone es el alter ego de Sue Grafton. “La persona que podría haber sido de no haberme casado y haber tenido hijos tan joven”. El Wolkswagen Escarabajo que tiene Kinsey (hasta G de guardaespaldas) es el mismo que condujo la escritora durante años y, como ella, también posee un vestido multiusos. Asegura la escritora que el humor, las observaciones ácidas y la ternura que aparecen en las novelas son aportaciones de Kinsey.

Los relatos de la detective aparecieron en diversas revistas y antologías entre 1986 y 1991, y excepto El juego de las mentiras, que escribió por encargo, fueron editados y publicados por su marido, Stephen Humphrey, a través de su empresa Bench Press en una tirada reducida y numerada de 300 ejemplares. En ellos, encontramos todas las claves de Kinsey Millhone, a quien su creadora situó en la década de los ochenta en la imaginaria Santa Teresa, a  150 kilómetros de Los Ángeles, en homenaje al Ross McDonald de El blanco móvil y otras novelas, que bautizó así la Santa Bárbara californiana.

Kinsey envejece un año por cada dos libros y medio, así que está obligada a investigar a la antigua, sin las técnicas forenses actuales ni las nuevas tecnologías. En estos relatos tiene 32 años, excepto en El juego de las mentiras, en que ya está en los 37. Casi todos ellos versan sobre la codicia, la venganza o los amores contrariados y confirman que la escritora se mueve tan bien en los textos largos como en los cortos.

Kinsey y yo es un libro ideal para los seguidores de Alfabeto del crimen y también para quienes quieran descubrir quiénes son Sue Grafton y Kinsey Millhone.

Kinsey y yo
Sue Grafton
Traducción de Victoria Ordóñez Diví
320 páginas 19 euros. Ebook: 12,99 euros