jueves, 20 de marzo de 2014

Recuento de derrotas



(Rosa Mora)
Carlos Zanón regresa con Yo fui Johnny Thunders, una novela que lo consolida como uno de los narradores contemporáneos más interesantes.



 “Where is it now, the glory and the dream?”, la cita del gran poeta romántico inglés William Wordsworth, abre Yo fui Johnny Thunders, la nueva novela de Carlos Zanón. La abre y la resume. Esta es la historia de Francis, que nació en el barrio del Guinardó, en Barcelona, que se enamoró de Patti Smith, que se pasó la adolescencia masturbándose y escuchando música, que no quiso vivir la vida de sus padres, de sábados aburridos, programas de televisión y vacaciones en el camping y que se largó en busca de su sueño.

Lo logró en su modesta escala. Se convirtió en Mr. Frankie, fue guitarrista de rock y una noche compartió escenario con Johnny Thunders, miembro fundador de los New York Dolls. Tocó en conciertos, grabó discos. Casi a los cincuenta años, vuelve al barrio, a la casa de su padre, destrozado por las drogas, el alcohol y los fracasos. Ahora tiene otro sueño: conseguir un poco de paz, ganar algo de dinero, pagar las pensiones atrasadas de sus hijos, volver a verlos, volver a la música.

Yo fui Johnny Thunders no admite etiquetas ni clasificaciones, aunque se haya publicado en una excelente colección de novela negra, y confirma lo que ya se intuía en las anteriores Tarde, mal y nunca y No llames a casa: Carlos Zanón (Barcelona, 1966) es uno de los más interesantes narradores contemporáneos. Tiene una enorme ambición literaria in crescendo y no defrauda.

Hay mucha música en estas páginas, también algo de poesía. Hasta cierto punto es un retrato generacional, que refleja la Barcelona de los años ochenta y noventa, cuando, como en tantas otras ciudades, la droga hacía estragos en la juventud. También la Barcelona de ahora, con pinceladas contundentes. Paco, el padre de Mr. Frankie, es un jubilado que apenas cobra 500 euros al mes. Busca comida en los contenedores. La señora Imma, de la misma quinta, está entusiasmada con Artur Mas y piensa en la llegada de la independencia.

La Barcelona de Zanón, como en las otras novelas, es también protagonista. Retrata una ciudad amarga, marginal, en la que confluyen gentes de todas partes, una Barcelona muy real, antes y ahora, que nada tiene que ver con las postales bonitas de los políticos. “¿Qué hace esta ciudad con la gente?”, se pregunta uno de los personajes que aguarda impaciente un chute.
Zanón avanza del pasado al presente y al revés, encadenando acción, recuerdos y canciones. La narración es muy ágil y los diálogos, vivos. En su regreso al barrio Mr. Frankie hace memoria de su historia, de sus amantes, de sus amigos, de él mismo. Es un recuento de derrotas de personas que viven con intensidad. Marisol, su hermanastra, una superviviente, marcada desde la adolescencia; el sesentón don Damián, el propietario de un bingo, que no hace ascos a los negocios sucios; Xavi, uno de sus hombres, que quiere hacer sus propios business aunque sabe que se equivoca; Álex Dalmau, con el cerebro destrozado por las drogas; Liz, la antigua novia, que sabe que es imposible empezar de nuevo. “¿Vas de revisión de la vida? Fijo que sí. Lo conozco. Libreta nueva. Pero no sirve de nada, chico rock’n’roll”, le dice a Mr. Frankie.

Yo fui Johnny Thunders tiene muchas escenas fantásticas, como cuando Mr. Frankie o Francis, ya no sabe bien quién es, escucha por el móvil Live and dead, de The Avett Brothers. Solo con leer el índice de la novela  se hace la boca agua. No se la pierdan.

Yo fui Johnny Thunders
Carlos Zanón
RBA Serie Negra
288 páginas  17 Euros
Ebook 8,99 Euros

miércoles, 19 de marzo de 2014

El sabio vientre de la mujer

(Lilian Neuman)

"Estamos hechos de una mujer y seguramente una mujer nos cerrará los ojos".

 Francisco González Ledesma en entrevista con Fernando Sánchez Dragó.




 Esta nouvelle es esencia del talante literario de González Ledesma. Publicada por primera vez hace poco más de diez años, la historia de un voluntarioso joven poeta y traductor salvado por una misteriosa mujer en la Barcelona de posguerra tiene, me atrevo a decir, alcance de leyenda, o de alegoría. El libro formaba parte de una colección ideada por la revista Interviú y es un acierto que la editorial Mennoscuarto lo haya recuperado.   

  Con el personaje de Montero, traductor y poeta perseguido por las fuerzas del orden -o por los triunfantes esbirros del régimen-, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) descubre el velo de la indefensión, la de un hombre que puede ser salvado por una mujer, pero para que esto ocurra tiene que tener -hermosa imagen- los ojos vendados. No sabe en dónde está, y en parte ya no sabe quién es.

  A Montero, en medio de una estampida, herido de bala y a punto de caer, una desconocida lo llama desde un coche y lo conmina a entrar en el interior. Poco después ella lo oculta en su estudio privado, un lugar en donde su marido -nada menos que un jefe de policía de los peores- no entra, porque ese el lugar en donde ella es quien es: una escritora con habitación propia, en tiempos en que, como describe aquí Ledesma con su dosis de sorna y mala leche, las mujeres carecían de tal privilegio, o escribían en la cárcel, porque tampoco podían hacerlo en la mesa de un bar; eso era de marxistas.

   Esto es lo que se debe contar de la historia, cuyo prodigio consiste en la gran elipsis que se impone de principio a fin: los largos e interminables años venideros, sin sosiego ni retorno. La vida hacia adelante sin pistas ni señales (y a la larga sin memoria). En menos de ochenta páginas, las que abarcan aquel obligado cautiverio en el lugar más valioso que aquella mujer podía ofrecer -su más preciado yo interior-, está la acritud y la tristeza que habitan las páginas de la serie protagonizada por el viejo policía Méndez. Los tiempos de penuria (y la historia de este país) que marcan de por vida. Y la licencia poética de este señor que se permite hablar durante todo el relato en persuasiva segunda persona, hablándole a un especial dios sin religión. Si alguien viera un adoquín azul, no dude en quedarse con él y, sobre todo, no se le ocurra olvidarlo.



El adoquín azul 
Francisco González Ledesma
Menoscuarto
74 páginas
11 Euros