miércoles, 5 de febrero de 2014

Una pequeña joya de Ruth Rendell






Ruth Rendell

La llegada del extraño Dex, recién salido de un psiquiátrico, y las malas artes de una joven au pair trastocan el ambiente tranquilo y aristocrático de Hexam Place, en Londres. La escritora británica crea un inquietante microcosmos de señores y sirvientes.
(Rosa Mora)

Ruth Rendell (Leyton, este de Londres, 1930) es una de las damas inglesas del crimen. Debutó en 1964 con From Dooon with death, la primera de la serie de más de 20 novelas protagonizadas por el inspector jefe Reginald Wexford y su inseparable inspector Burden. La escritora tuvo el acierto de mezclar las tramas de suspense con las peripecias de las familias Wexford y Burden en Kingsmarkham, una ciudad ficticia de provincias. 

Pronto, alternó la disciplina de los procedimientos policiales para tratar un amplio espectro de temas desde el punto de vista psicológico, que le han dado sus mayores éxitos. Es una magnífica retratista de caracteres femeninos, del maltrato a la mujer y de las diferencias entre clases sociales. Fue una de las primeras en abordar el lesbianismo. Es una maestra en el terror cotidiano, las pequeñas mezquindades y envidas, muy diferente de la gran Patricia Highsmith. Ella no es tan salvaje como la norteamericana pero logra unos excelentes niveles de tensión.
Ha publicado cerca de 50 novelas y lleva 50 años en el tajo. Con tan extensa producción, hay novelas mejores y peores y bastantes excelentes, como La ceremonia (A judgement in Stone, 1977), considerada una de sus mejores historias: Eunice mata a la familia Coverdale porque no sabe leer ni escribir. Es una mujer callada que toda su vida ha intentado ocultar su analfabetismo, pero cuando entra en el servicio doméstico de los Coverdale, encantadores y  cultos, que viven en una magnífica mansión en Suffolk, que se preocupan por su nueva sirvienta, todo estalla. O Carne trémula (1986), que Pedro Almodóvar llevó al cine en 1997. Relata la historia de odio, amor y violencia de tres personas: Victor Jener, sospechoso de haber cometido varias violaciones, que, en un enfrentamiento, hiere gravemente al policía David Fleetwood, que queda paralítico. Jener cumple una larga condena y cuando sale de prisión no se le ocurre otra cosas que ir a ver a Fleetwood, que ha rehecho su vida con Claire, su novia de siempre. A partir de aquí, el infierno.
Hay otras muchas buenas, por ejemplo, La muñeca asesina, El lago de las tinieblas o El señor del páramo. Con el seudónimo de Barbara Vine ha publicado novelas tan interesantes como Inocencia singular, El largo verano o El diario de Asta.
Rendell es también maestra en describir con minuciosidad la vida y costumbres de pequeñas comunidades. Este es el caso de El club de Hexam Place, que se acaba de publicar en España. Es una de esas pequeñas joyas que hace que sigamos leyendo a la escritora británica.   En algunos aspectos, recuerda a la serie de televisión Upstairsdownstairs (Arriba y abajo), solo que esta retrata la historia de dos grupos, los señores y los criados, durante tres décadas del siglo XX, y la novela de Rendell está ambientada en el siglo XXI (la edición inglesa apareció en 2012).
En esta ocasión, la escritora recrea el microcosmos de unos empleados domésticos y de sus señores, en la aristocrática y pequeña calle londinense de Hexam Place, y la convierte en una historia universal. Los trabajadores se reúnen en el pub Dugong,  donde crean un club informal para tratar de problemas que les preocupan, como los horarios, los alborotos callejeros, las plazas de aparcamiento, las cacas de los perros…  Todos saben de los otros y todos están al tanto de los líos e infidelidades de los señores.
Dos hechos enturbian la vida más o menos tranquila de Hexam Place. La llegada de Dex, de infancia desgraciada, que ha salido de un psiquiátrico y que cree que se comunica con Dios a través del móvil, para trabajar como jardinero del bondadoso señor Jefferson. Y las malas artes de la au pair Montserrat, hija de padre inglés y de madres española, a la que no importa hacer de alcahueta para su señora, Lucy, y para el amante de esta, un popular actor. Una barandilla en mal estado, la llegada insospechada del marido en el peor momento y los esfuerzos desesperados de Montserrat para convencerle de que un desgraciado accidente es un crimen desencadenan una tragedia de la que Dex será el principal protagonista.
El club de Hexam Place
Ruth Rendell
Traducción de Alejandro Palomas
Umbriel
288 páginas. 15 euros

martes, 4 de febrero de 2014

Márkaris, un cronista excepcional


El escritor griego describe la sociedad de su tiempo, la crisis, y ajusta cuentas con el pasado en Pan, educación y libertad, la tercera novela de su "Trilogía de la crisis", y la más dura.





Petros Márkaris, en la librería Negra y Criminal. /ANA PORTNOY

 (Rosa Mora)

Petros Márkaris (Estambul, 1937) pertenece a la escuela mediterránea, la de Manuel Vázquez Montalbán, de  Andrea Camilleri o del malogrado Jean-Claude Izzo, autor de la estupenda "Trilogía de Marsella". Los cuatro retratan su época y utilizan el género negro para hacer crítica política y social. Pepe Carvalho, Salvo Montalbano y Fabio Montale, el policía de Izzo (los apellidos de Montalbano y de Montale no son gratuitos), disfrutan de los placeres de la vida y los tres son gourmets. El comisario Kostas Jaritos no le anda a la zaga. Se pirra por los tomates rellenos que le hace su mujer, Adrianí, una excelente cocinera.

Lo mejor del comisario Jaritos es que es un tipo absolutamente normal. En Pan, educación y libertad, la última novela de la "Trilogía de la crisis" (Con el agua al cuello y Liquidación final) lo pasa muy mal. Grecia vuelve al dracma en 2014, el Gobierno suspende pagos y el policía, como todos los funcionarios, incluido su yerno, Fanis, que trabaja en un hospital público, se queda sin sueldo. Es Adrianí quien salva a la familia recorriendo todos los mercados en busca de los mejores productos y más baratos y organizando un rancho familiar.

Márkaris describe la sociedad de su tiempo desde una mirada crítica y de izquierdas desde su primera novela, Noticias de la noche (1995). En la trilogía esta mirada es más evidente que nunca y la más dura es Pan, educación y libertad. Un importante constructor que sacó buena tajada de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 aparece asesinado. Luego, un prestigioso académico y, poco después, un líder sindical. Los tres pertenecían a la llamada Generación de la Politécnica, la que en 1973 se enfrentó a la dictadura militar y contribuyó a derribarla. “Pan, educación, libertad” era su consigna.

Esta excursión al pasado es uno de los temas más interesantes de la novela: cómo aquellos que lucharon por la democracia acabaron trapicheando, consiguiendo poder y beneficiándose de forma ilegal económicamente. En muchos aspectos recuerda algunos resultados de la Transición española. Grecia como España no quiere recordar los aspectos más sombríos de su pasado reciente.

Otra de las bondades importantes de Pan, educación, libertad es su apego a la realidad más inmediata. Por ejemplo, vemos en acción al partido ultraderechista neonazi Alba Dorada y lo seguiremos viendo en Créditos,  novela en la que Márkaris ya está trabajando y que considera un epílogo de la trilogía. En otras palabras, será una tetralogía sobre la crisis. Bienvenida sea, porque el escritor griego es un cronista excepcional y ha logrado conectar, con sus historias negras, con ciudadanos de países afectados por la crisis que ven cómo se difumina el Estado de Bienestar por el que tanto lucharon.

Pan, educación, libertad / Pa, educació, llibertat
Petros Márkaris
Tusquets
Traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu
256 páginas. 17,99 euros


Dolores Redondo, un paso adelante

Legado en los huesos, segunda novela de la 'Trilogía del Baztán' de la escritora vasca, cumple las expectativas creadas en El guardián invisible.

(Rosa Mora)

Dolores Redondo es original, renovadora y ha encontrado una fórmula de éxito: la mezcla de ingredientes tan potentes como la mitología, leyendas y costumbres de Euskal Herria, la historia trágica y tenebrosa de una familia matriarcal, una serie de crímenes que a priori parecen inconexos, un paisaje maravilloso, el de Elizondo y el Valle del Baztán (Navarra), la lluvia casi constante, el frío, el silencio atemorizador del bosque. Y al frente de todo ello, Amaia Salazar que, ahora, en la segunda novela de su Trilogía del Baztán, Legado en los huesos, es jefa de homicidios de la Policía Foral.

La escritora vasca (San Sebastián, 1969) es valiente. Legado en los huesos es la continuación pura y dura de El guardián invisible. Se inicia casi donde acabó la primera y quien no haya leído esta puede armarse un poco de lío con los personajes y escenarios. A lo largo de las más de 500 páginas, que se hacen cortas, da pistas que la ligan al El guardián… pero, no demasiadas.

La historia se inicia en un juzgado de Pamplona, donde debía ser juzgado Jasón Medina, el padrastro de Johana Márquez, la última niña asesinada en El guardián invisible. Asiste Amaia Salazar, en el último tramo de su embarazo. Pese a estar esposado, Medina se suicida. En el bolsillo de su chaqueta deja un papel con una sola palabra: Tarttalo.

Tarttalo, según la mitología vasca, es un cíclope gigantesco, fuerte y agresivo, que devora ovejas, doncellas y pastores. La novela es más compleja que la anterior. Una serie de mujeres son maltratadas y asesinadas por sus maridos y aparecen con un brazo amputado. Los asesinos, brutales y zafios, se suicidan y dejan siempre el mismo mensaje: Tarttalo. Por otra parte, en la iglesia de Arizkun, a cinco kilómetros de Elizondo, se suceden una serie de profanaciones. Amaia regresa a su tierra. Le acompañan su marido, James y su hijo,  Ibai.

En la investigación aparecen numerosas pistas, como las de los Agotes, una comunidad minoritaria, perseguida y marginada durante ocho siglos que se instaló  en el País Vasco francés, Navarra, en especial en el valle del Baztán, Guipúzcoa y en algunos lugares de Aragón, como Huesca. También aparecen los mairu-besos, las belagiles, los antiguos sacrificios, Mari, la diosa que habita en las cumbres de las montañas o el poder del tarot. Redondo, en muchas ocasiones, introduce elementos sobrenaturales mezclados con la realidad. Legado en los huesos es también una novela sobre el mal y este es muy real, aunque sea difícil situar su inicio.

Amaia Salazar ha cambiado. Tiene las mismas pesadillas y miedos que en la anterior novela, pero en esta ya no busca el refugio en el amor de su esposo. La maternidad le provoca una crisis. Se debate entre su trabajo y el cuidado de su hijo. En alguno de los mejores momentos de la novela, escarba en el pasado para descubrir qué pasó exactamente con su madre, la que le decía que se la comería, la que intentó matarla. Rastrea la misteriosa muerte de su hermana gemela, el mismo día en que ambas nacieron. Descubre hasta qué punto su familia ha estado implicada en hechos terribles.

La nueva jefa de homicidios es más dura (y eso está bien). Ya no duda en mandar con mano de hierro a los hombres de su equipo e incluso llega a pelearse a puñetazos con el inspector Montes y se rebela contra antiguas creencias de su tierra. Resulta refrescante y divertido que una policía sea católica, que rece por las víctimas, y que por otra parte sea capaz de renegar de todo. Su confusión y su desasosiego la hacen humana y verosímil.

La acompañan los personajes que ya conocimos en El guardián invisible: el inspector Iriarte, defensor de policías con problemas, pero siempre leal; el imprescindible subinspector Etxaide, antropólogo y arqueólogo, conciliador, sabio y sencillo, el mejor aliado de Amaia; el subinspector Zabalza, que no se decide a salir del armario, que rechaza la jefatura de Salazar, pero que acaba cuadrándose. La ideal tía Engrasi, las atormentadas hermanas Flora y Ros… Introduce a otros nuevos, como el inquietante padre Sarasola, vestido de Armani, perteneciente al Opus Dei, que lee la mente de Amaia y que sabe casi tanto como ella del mal. O el nuevo juez, Markina, que se enamora de la policía y por el que Salazar se siente atraída aunque pone todas las barreras que su fe, su marido e hijo, le marcan.

Dolores Redondo deja pistas para su próxima novela, Ofrenda a la tormenta: ¿qué pasó en realidad con su madre, Rosario, esquizofrénica, que intentó matarla cuando era una niña? ¿Qué sucede con el agente Dupree, amigo suyo desde que estudió con el FBI en Quantico (Virginia)? Ha desaparecido y sus colegas norteamericanos están muy preocupados.

No hay duda. Dolores Redondo desvelará todos estos misterios y más en la novela que cerrará la 'Trilogía del Baztán,' Ofrenda a la tormenta.

Legado en los huesos es más compleja y dura que El guardián invisible, mejor. ¿Qué pasará con la tercera? Seguro que será muy buena. Ya la estamos esperando. Y ¿después? Parece seguro que sí hay un después y que Dolores Redondo no dejará de sorprendernos.

Legado en los huesos / El llegat dels ossos 
Dolores Redondo
Destino /Columna
553 / 480 páginas
18, 50 euros








sábado, 1 de febrero de 2014

Wallander, cómo empezó todo


(María Eugenia Ibáñez)


  Quienes añoramos a Kurt Wallander nos hemos acercado Huesos en el jardín con profunda veneración, a sabiendas de que esta novela de Henning Mankell no es una continuación de la serie sino una apostilla de la misma, casi un texto rescatado del olvido. A la postre, la lectura del libro nos convence ya definitivamente de que hemos perdido a Wallander, de que, quizá, en el mejor de los casos, nos reencontraremos con su hija, con Linda, pero ni siquiera eso es seguro. Tengo la sensación de que Mankell ha puesto en las librerías Huesos en el jardín para zanjar las especulaciones sobre un posible regreso de su querido inspector, al que dejó muy maltrecho en El hombre inquieto, esta sí, la última novela con las peripecias del policía sueco.

   Es de rigor explicar que Huesos en el jardín fue escrita en el 2002 para una edición holandesa y que desde entonces no se había traducido a ninguna otra lengua, aunque fue utilizada para la serie de la BBC que protagonizó Kenneth Branagh. La novela es la más breve de las escritas por Mankell, 158 páginas, y esa extensión marca la diferencia con las obras anteriores, si bien en la trama queda intacta la marca Wallander, el movimiento de los personajes, sus reacciones, el pesimismo del policía, su obsesión por los detalles, su habilidad para interpretar las en apariencia nimiedades, sus sueños siempre relegados, la casa, el perro. Pero sí se echan de menos las largas disquisiciones del autor sobre la pérdida de valores, sobre el bien y el mal, sobre lo que debería ser y no es, esos razonamientos que, más allá de la pulcra resolución de un delito, han hecho de Mankell un autor diferente, crítico, punzante con una sociedad que ya no entiende.



   La novela se lee de un tirón y con interés. La trama arranca a partir de uno de esos sueños perdidos de Wallander, la búsqueda de una casa aislada y con jardín. Su compañero Martisson le ofrece la posibilidad de adquirir la finca de un pariente y en la visita previa a la compra el inspector descubre enterrados, primero los restos de una mano y, después, del cadáver completo, cuya identificación acabará obsesionando al policía. La narración avanza con rapidez, los diálogos son fluidos y mucho más frecuentes que en otras obras de la serie. El final, coherente con la trama, sin estridencias ni trampas de última hora. El sello de Henning Mankell.



   Pero con el desenlace de la novela no se llega al final del libro. Siguen unas escasas veinte páginas de un interesante posfacio en las que el autor nos explica cómo empezó todo, cómo nació su criatura literaria, cómo fue creciendo el personaje de Wallander, la génesis de sus diez novelas e incluso anécdotas en la relación con los lectores. En esas páginas se nos aparece un Walander casi de carne y hueso, con un perfil físico y unos hábitos de vida que definen sus enfermedades y un autor que parece rebelarse contra su personaje, que se debate entre seguir dándole vida o dejar los relatos policíacos y dedicarse a escribir sobre teatro u otros temas. Algo así como una historia de amor que alterna la pasión y el sufrimiento, que se repite  una y otra vez aquello de “déjalo mientras sea posible”…hasta que lo deja.

El posfacio del último libro de Wallander en castellano también rompe tópicos, por ejemplo el del pesimismo de Henning Mankell. Cito una de sus últimas frases: “El libro físico jamás desaparecerá. Y creo que también habrá cada día más personas que, sin ser retrógradas, volverán al libro de papel”. Todo un ejercicio de optimismo.

                   

Huesos en el jardín/Ossos al jardí

 Henning Mankell

Tusquets/L'ull de vidre

Traducción de Carmen Montes Cano/Marta Casas

178 páginas/192 páginas

17 Euros