miércoles, 22 de enero de 2014

Una pasión inteligente

(Lilian Neuman)

 Empieza con un individuo que cae fulminado y, como suele ocurrir en las intrigas criminales, se van sumando muertos. Hay momentos de gran tensión, matones muy feos y una realidad -el trasfondo de la alta gastronomía, el tráfico de productos exquisitamente nefastos- que se anuncia tétrica. Y pese a todo lo dicho, esta lectura trasmite vitalidad, incita a buscar y esforzarse para dar con lo mejor que ofrece la vida.

 Tom Hillenbrand (Hamburgo, 1972) es periodista y gourmand.  En esta historia que empieza con un crítico gastronómico de la guía Michelin que muere entre el primer y segundo plato -¿recuerda el lector la misteriosa desaparición de un crítico suizo, visto por última vez en El Bulli?-, se retrata como un serio apasionado por la cocina. Una pasión inteligente, con fundamentos.

 La clave está en el protagonista: Cada tarde, el chef Xavier Kieffer se sienta a tomarse un descanso en la terraza de su encantador restaurante en una plácida esquina de Luxemburgo (y en el que ni sueña que le caerá de cliente el aterrador crítico). Xavier es un tipo que adora  cocinar, con todo lo que ello implica, desde la búsqueda y elección de materia prima desde primera hora de la mañana al estudiado orden cuando se está en terreno de juego. Al mismo tiempo,  odia el star system. Y eso que podría estar jugando  en la liga de los grandes. Pero, como bien se sabrá más adelante, lo suyo no era dejarse la salud por una estrella Michelin (vale la pena detenerse en el relato de sus experiencias como cocinero de vértigo, así también en su vivaz descripción del servicio en un banquete multitudinario). En otras palabras, tiene claro que hay formas más inteligentes de cocinar y de vivir.

  La librera y gastrónoma Montse Clavé elogia esta novela tan verosímil, tan natural y tan cargada de buenos materiales. Asimismo, para esta reseña se pidió asesoramiento a otra lectora criminal y excelente cocinera (por qué no decirlo, de mi restaurante habitual). Conclusión: sea el lector profano o, al contrario, cocinero profesional, esta lectura es de alto interés. Y aquí hay imaginación, pero no fantasía sobre pies de barro.

  Creo que el tradicional maestro de Xavier es injusto (o reacio, por no decir rencoroso; como tantos en tantas disciplinas) cuando se refiere a "ese aprendiz de alquimista". Pero es interesante que éste y otros detalles entren en escena: desdén, secretos del oficio, farsantes y falsificadores. Todo ello, más una serie de sorprendentes revelaciones -alrededor de un fruto exótico y revolucionario- son la sal (y el vinagre) de un mundo en donde la alta gastronomía se ha confundido con una industria febril, con programas televisivos que parecen maratones de muerte y chefs convertidos en héroes. A la vez, se manejan otros ingredientes, y el autor es tan generoso como su personaje: al final hay un glosario que incluye el secreto para espesar sopas  y la lista de integrantes de una verdadera brigada de cocina. Una brigada de las buenas.

Un cadáver entre plato y plato
Tom Hillenbrand
Grijalbo
Traducción de Alberto Vitó i Godina
264 páginas
15,90 Euros