miércoles, 18 de diciembre de 2013

Como veneno en un árbol

Jo Nesbo 

(Lilian Neuman)
  La carta de presentación de Harry Hole fue, en nuestro país, la singular Petirrojo, cuya primera semilla fue más o menos así:
 En la vida real, un día de hace muchos años, el padre le confesó a su hijo -Jo Nesbo- que él había sido soldado en la Segunda Guerra, y del lado de los nazis. Aquel fue el primer paso hacia una verdad compleja sobre la respuesta de Noruega ante el avance de Hitler, sobre los que defendieron la esvástica para parar a Stalin, y muchos otros aspectos de aquella (excelente) ficción policial (e histórica) que empieza en nuestros días, con algo que produce una rara mezcla de amargura y curiosidad: un viejo se acerca a un árbol, cerca del Parlamento en la avenida principal de Oslo, y le clava una jeringa cargada de veneno. No muy lejos, pensándolo ahora, de donde un fanático asesino iniciaría su matanza en julio de 2011.
  Jo Nesbo (Oslo, 1960) fue músico de una popular banda de rock. Su criatura llamada Harry Hole le pasa música de Led Zepellin al hijo de su amada Rakel. Pero esto no es suficiente para formar una familia: Némesis, La estrella del diablo, El redentor (todas altamente recomendables;  dejaría de lado la efectista Headhunters, fuera de la serie Hole; aunque aquí se abriría la polémica entre quienes cultivan -u odian- eso que podría llamarse "lo trepidante") describen el recorrido de un hombre atraído por el mal, obsesivo e irreverente, capaz de beber hasta morir o de resistir como un guerrero ante la cerveza fría en la barra del bar. Con el tiempo, el policía del populoso distrito de Groland ha desarrollado su perfil más oscuro. Sólo hay otro investigador de su misma casta: Charlie Parker, de John Connolly. Los dos están hechos para combatir las tinieblas (y en el caso de Parker ese mundo tiene la misma entidad que la vida real).
  "El muñeco de nieve es el libro más aterrador que he escrito", afirma Nesbo. Es verdad, Hole siente un creciente temor, la certeza de que algo se ha metido en su vida, como ese veneno en el árbol. Se teme y se sufre esta trama de hierro. La novela empieza con un gran sobresalto, el de una mente infantil que ve lo que no debe. Y los momentos de mayor tensión nacen de ese terror, de la memoria del miedo que tiene el autor. De lo que no se ve ni se entiende pero que acecha como ese muñeco de nieve que observa allí fuera, y al que le han puesto al bufanda de una mujer desaparecida. Retorcida historia de enfermedad y venganza, mientras a Hole no le creen en comisaría, pero al fin hay que admitirlo: Oslo tiene su asesino en serie. El realismo de la vida policial, la nueva compañera de Harry -tremendo personaje-, la atmósfera de una ciudad que parece tan amable y benigna, pero de la que su autor afirma (en lo que hace a delincuencia y miserias varias) que no está inventando nada. Todo suma y potencia el mundo de un tipo del que no se esconden sus referencias. La trama da vueltas y giros acrobáticos y, en rigor, Nesbo no inventa nada: estamos ante un investigador clásico. Clásicamente solitario, clásicamente borracho, clásicamente intratable. Y sin embargo, como a este Jo Nesbo que viaja por el mundo, se instala en un hotel y escribe sin parar (y que ahora  reconoce que sí que hay mucho del solitario Harry en él, o al revés), a este policía que es todo temple y electricidad no se le parece nadie


"El muñeco de nieve"/"El ninot de neu"
Jo Nesbo
RBA / Proa
Traducción de Carmen Montes Cano y Ada Berntsen/
Laia Font Mateu
496 / 512 páginas
21 Euros